TUYA ES LA SOLEDAD A MEDIANOCHE
TUYOS LOS ANIMALES SABIOS QUE PUEBLAN TU SUEÑO
EN ESPERA DE LA PALABRA ANTIGUA
TUYO EL AMOR Y SU SONIDO A VIENTO ROTO

jueves, 17 de noviembre de 2011

ATeRRadíSIMa.

Mejor que arder (fragmento)

Era alta, fuerte, con mucho cabello. La madre Clara tenía bozo oscuro y ojos profundos, negros.
Había entrado en el convento por imposición de la familia: querían verla amparada en el seno de Dios. Obedeció.
Cumplía sus obligaciones sin reclamar. Las obligaciones eran muchas. Y estaban los rezos. Rezaba con fervor.
Y se confesaba todos los días. Todos los días recibía la hostia blanca que se deshacía en la boca.
Pero empezó a cansarse de vivir sólo entre mujeres. Mujeres, mujeres, mujeres. Escogió a una amiga como confidente. Le dijo que no aguantaba más. La amiga le aconsejó:
-Mortifica el cuerpo.
Comenzó a dormir en la losa fría. Y se fustigaba con el cilicio. De nada servía. Le daban fuertes gripas, quedaba toda arañada.
Se confesó con el padre. Él le mandó que siguiera mortificándose. Ella continuó.
Pero a la hora en que el padre le tocaba la boca para darle la hostia se tenía que controlar para no morder la mano del padre. Éste percibía, pero nada decía. Había entre ambos un pacto mudo. Ambos se mortificaban.
No podía ver más el cuerpo casi desnudo de Cristo.
La madre Clara era hija de portugueses y, secretamente, se rasuraba las piernas velludas. Si supieran, ay de ella. Le contó al padre. Se quedó pálido. Imaginó que sus piernas debían ser fuertes, bien torneadas.
Un día, a la hora de almuerzo, empezó a llorar. No le explicó la razón a nadie. Ni ella sabía por qué lloraba.

Clarice Lispector.
Como animalito acorralado...

Como pajarito con alas atadas.

Memorias secretas de una cantante (fragmento)

Se llamaba Franz, tenía veinte años, y aunque no guapo conservaba esa pulcritud y distinción propia de los educados en un Instituto religioso. Como era el único hombre joven que frecuentaba nuestra casa, no se extrañará que entre los dos se estableciese enseguida la cordialidad más perfecta. No obstante, noté desde un principio como huía, embarazado y tímido, mis alocadas impetuosidades, y cómo, a pesar de agradarle en el fondo, mostraba un gracioso temor ante mis excitantes insinuaciones peligrosas. Por todo lo cual -ya conoce usted mi carácter- me propuse enamorarlo de veras y hasta violarle si fuera preciso.
Ahora comprendo la crueldad de los juegos impuestos por mí en práctica entonces, cuando en realidad no era amor ni pasión lo que me impulsaba. Era sencillamente el malsano deseo de ir un poco más allá en mis inquietudes y experiencias. Ni más ni menos.

Wihelmine Schraeder- Devrient.

Bruja (fragmento)

La juventud de Paula había sido triste y silenciosa, como ocurre en los pueblos a toda muchacha que prefiera la lectura a los paseos por la plaza, desdeñe pretendientes regulares y se someta al espacio de una casa como suficiente dimensión de vida. Por eso, al apartar ahora los ojos claros del tejido -un pullover gris simplísimo-, se acentúa en su rostro la sombría conformidad del que alcanza la paz a través del moderado razonamiento y no con el alegre desorden de una existencia total. Es una muchacha triste, buena, sola. Tiene veinticinco años, terrores nocturnos, algo de melancolía. Toca Schumann en el piano y a veces Mendelssohn; no canta nunca pero su madre, muerta ya, recordaba antaño haberla oído silbar quedamente cuando tenía quince años, por las tardes.

Julio Cortázar.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Otra

Quiero que seas otra dentro de mí.
Otra, diferente de él.
Otra. Distinta.
Por David Ho.
¿Y si NO quiero? ¿Si simplemente NO QUIERO?

¿Y si LO quiero?
viajera de corazón de pájaro negro
tuya es la soledad a medianoche
tuyos los animales sabios que pueblan tu sueño
en espera de la palabra antigua
tuyo el amor y su sonido a viento roto

Alejandra Pizarnik