Verte.
Verte, desearte.
Verte, desearte, querer escapar.
No puedo evitarlo.
Las tres acciones siempre se me tornan imprescindibles.
TUYA ES LA SOLEDAD A MEDIANOCHE
TUYOS LOS ANIMALES SABIOS QUE PUEBLAN TU SUEÑO
EN ESPERA DE LA PALABRA ANTIGUA
TUYO EL AMOR Y SU SONIDO A VIENTO ROTO
miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
El raudal
A veces, cuando el amado y yo soñamos en silencio, -un silencio agudo y profundo
como el acecho de un sonido insólito y misterioso-
siento como si su alma y la mía corrieran lejanamente, por yo no sé
que tierras nunca vistas, en un raudal potente y rumoroso...
como el acecho de un sonido insólito y misterioso-
siento como si su alma y la mía corrieran lejanamente, por yo no sé
que tierras nunca vistas, en un raudal potente y rumoroso...
Delmira Agustini.
Boca a boca
Copa de vino donde quiero y sueño
beber la muerte con fruición sombría,
surco de fuego donde logra Ensueño
fuertes semillas de melancolía.
Boca que besas a distancia y llamas
en silencio, pastilla de locura,
color de sed y húmeda de llamas...
¡Verja de abismos es tu dentadura!
Sexo de un alma triste de gloriosa;
el placer unges de dolor; tu beso,
puñal de fuego en vaina de embeleso,
me come en sueños como un cáncer rosa...
Joya de sangre y luna, vaso pleno
de rosas de silencio y de armonía,
nectario de su miel y su veneno,
vampiro vuelto mariposa al día.
Tijera ardiente de glaciales lirios,
panal de besos, ánfora viviente
donde brindan delicias y delirios
fresas de aurora en vino de poniente...
Estuche de encendidos terciopelos
en que su voz es fúlgida presea,
alas del verbo amenazando vuelos,
cáliz en donde el corazón flamea.
Pico rojo del buitre del deseo
que hubiste sangre y alma entre mi boca,
de tu largo y sonante picoteo
brotó una llaga como flor de roca.
Inaccesible... Si otra vez mi vida
cruzas, dando a la tierra removida
siembra de oro tu verbo fecundo,
tú curarás la misteriosa herida:
lirio de muerte, cóndor de vida,
¡flor de tu beso que perfuma al mundo!
beber la muerte con fruición sombría,
surco de fuego donde logra Ensueño
fuertes semillas de melancolía.
Boca que besas a distancia y llamas
en silencio, pastilla de locura,
color de sed y húmeda de llamas...
¡Verja de abismos es tu dentadura!
Sexo de un alma triste de gloriosa;
el placer unges de dolor; tu beso,
puñal de fuego en vaina de embeleso,
me come en sueños como un cáncer rosa...
Joya de sangre y luna, vaso pleno
de rosas de silencio y de armonía,
nectario de su miel y su veneno,
vampiro vuelto mariposa al día.
Tijera ardiente de glaciales lirios,
panal de besos, ánfora viviente
donde brindan delicias y delirios
fresas de aurora en vino de poniente...
Estuche de encendidos terciopelos
en que su voz es fúlgida presea,
alas del verbo amenazando vuelos,
cáliz en donde el corazón flamea.
Pico rojo del buitre del deseo
que hubiste sangre y alma entre mi boca,
de tu largo y sonante picoteo
brotó una llaga como flor de roca.
Inaccesible... Si otra vez mi vida
cruzas, dando a la tierra removida
siembra de oro tu verbo fecundo,
tú curarás la misteriosa herida:
lirio de muerte, cóndor de vida,
¡flor de tu beso que perfuma al mundo!
En Los rosarios de Eros, Delmira Agustini (1924)
viernes, 16 de diciembre de 2011
Alta hora de la noche
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscando por mi niebla.
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.
No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.
porque se detendría la muerte y el reposo
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscando por mi niebla.
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.
No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.
Roque Dalton.
jueves, 15 de diciembre de 2011
Verte
Como no verte si estas ahí
Sigo tu mirada a donde quiera que la lleves
Puedo sentir tu piel sin ni siquiera tocarte
Puedo olerte sin tenerte cerca
No dejo nada al azar, el miedo me hace huir
En la lejanía de nuestros cuerpos hay solo un sabor amargo
Me endulzo con miel de pasión prohibida pero solo queda el vacío
Las cartas están echadas el juego acaba de culminar
Los espejos rotos me dicen que hubo más de un perdedor
Ya la vida me lleva a espacios indefinidos que no termino de entender
La cama esta fría hay cuerpos que llegan pero nunca están
Como entender si no me dices nada de ti y mi deseo no sé si es el mismo
La alfombra quedo húmeda por el paso de los pies marcados que salían de la mar
Y aquí estoy yo esperando por verte
Sigo tu mirada a donde quiera que la lleves
Puedo sentir tu piel sin ni siquiera tocarte
Puedo olerte sin tenerte cerca
No dejo nada al azar, el miedo me hace huir
En la lejanía de nuestros cuerpos hay solo un sabor amargo
Me endulzo con miel de pasión prohibida pero solo queda el vacío
Las cartas están echadas el juego acaba de culminar
Los espejos rotos me dicen que hubo más de un perdedor
Ya la vida me lleva a espacios indefinidos que no termino de entender
La cama esta fría hay cuerpos que llegan pero nunca están
Como entender si no me dices nada de ti y mi deseo no sé si es el mismo
La alfombra quedo húmeda por el paso de los pies marcados que salían de la mar
Y aquí estoy yo esperando por verte
Oswaldo del Nogal Infante
martes, 13 de diciembre de 2011
VI. El filtro (fragmento)
El sol era ardiente, el calor les hizo sentir sed. Enviaron a una joven doncella en busca de una bebida. La muchacha acudió a Brangel que dormitaba tumbada sobre una estera. La doncella se incorporó perezosamente, tomó una copa de oro, bajó al pañol donde a tientas llenó la copa de una redoma que estaba junto a tantas otras que guardaban los mejores vinos de Irlanda. Luego subió al pabellón de las damas y lo presentó a Tristán quien de un sorbo vació la mitad y ofreció el resto a Iseo. La bebida era clara como vino y les pareció buena y suave.
Al instante se miraron extrañados. Parecía como si el vino al extenderse por sus venas mudase a sus corazones y pensamientos. La emoción y el temor asomaron al rostro de Iseo y disiparon su rencor. El amor, tormento del mundo, los sometía y los sojuzgaba. Brangel los observa. Una terrible duda la asalta. ¡Dios! ¡Si se hubiera equivocado de recipiente! Baja presurosa al pañol y decubre la redoma del brebaje de amor que la reina le había confiado casi vacía. "¡Desdichada!, se dice. ¡Mal cumplí el mandato de mi señora! ¡En mala hora nací y en mal día embarqué en esta nave fatídica! Iseo, amiga, y tú Tristán, noble caballero, ¡habéis bebido vuestra perdición y vuestra muerte! ¡No fue vino, ni celia, ni cerveza lo que tomasteis sino la bebida encantada que la reina de Irlanda había preparado para las bodas del rey Marcos! ¡Por mi desidia bebisteis la pasión y la muerte!"
De esta manera Tristán e Iseo, por un error de la fiel Brangel. tomaron en el mar, la víspera de San Juan, el brebaje fatal que tantas penas y alegrías les había de acarrear y entraron en la rota que nunca podrían abandonar. La bebida les pareció suave y dulce. ¡Nunca dulzura fue pagada a tan alto precio!
En Tristán e Iseo, Anónimo (Francia, período 1160-1190, aprox.).
Cenizas
Hemos dicho palabras,
palabras para despertar muertos,
palabras para hacer un fuego,
palabras donde poder sentarnos
y sonreír.
Hemos creado el sermón
del pájaro y del mar,
el sermón del agua,
el sermón del amor.
Nos hemos arrodillado
y adorado frases extensas
como el suspiro de la estrella,
frases como olas,
frases con alas.
Hemos inventado nuevos nombres
para el vino y para la risa,
para las miradas y sus terribles
caminos.
Yo ahora estoy sola
-como la avara delirante
sobre su montaña de oro-
arrojando palabras hacia el cielo,
pero yo estoy sola
y no puedo decirle a mi amado
aquellas palabras por las que vivo.
palabras para despertar muertos,
palabras para hacer un fuego,
palabras donde poder sentarnos
y sonreír.
Hemos creado el sermón
del pájaro y del mar,
el sermón del agua,
el sermón del amor.
Nos hemos arrodillado
y adorado frases extensas
como el suspiro de la estrella,
frases como olas,
frases con alas.
Hemos inventado nuevos nombres
para el vino y para la risa,
para las miradas y sus terribles
caminos.
Yo ahora estoy sola
-como la avara delirante
sobre su montaña de oro-
arrojando palabras hacia el cielo,
pero yo estoy sola
y no puedo decirle a mi amado
aquellas palabras por las que vivo.
En Las aventuras perdidas, Alejandra Pizarnik (1958).
Just Like Heaven
The Cure (Kiss me, kiss me, kiss me)
(1987)
"Show me, show me, show me
how you do that trick
the one that makes me scream" she said
"the one that makes me laugh" she said
and threw her arms around my neck
"Show me how you do it
and I promise you I promise that
I'll run away with you
I'll run away with you"
Spinning on that dizzy edge
I kissed her face and kissed her head
and dreamed of all the different ways I had
to make her glow
"Why are you so far away?" she said
"Why won't you ever know that I'm in love with you
that I'm in love with you"
You
soft and only
you
lost and lonely
you
strange as angels
dancing in the deepest oceans
twisting in the water
you're just like a dream.
Daylight licked me into shape
I must have been asleep for days
and moving lips to breathe her name
I opened up my eyes
and found myself alone alone
alone above a raging sea
that stole the only girl I loved
and drowned her deep inside of me
You
soft and only
you
lost and lonely
you
just like heaven
lunes, 12 de diciembre de 2011
Carta para responder al pedido de una cita
Querido...
.....................Antes de aceptar la cita que me pides he reflexionado largo tiempo porque mi ánimo, asaltado por sospechas y dudas, se rehusaba en concedértela. Pero también es verdad que se necesita mucha fuerza de voluntad para poder resistir a las continuas seducciones del cariño.
.....................El corazón que no habla ni reflexiona y que solo siente y palpita violentamente, animado por la pasión, no me ha permitido reflexionar por más tiempo y no he podido negarte lo que con tanto afán me pides.
.....................Así es que acepto y el domingo a las nueve de la mañana estaré según me dices, en la alameda de...
.....................He dicho a mi tía que, si me lo hubiera permitido, iría de buena gana a ver a mi prima que está algo delicada. Pensaré yo en avisarla, en el caso que se descubriera mi engaño.
.....................Además de primas somos también muy amigas y tengo completa confianza en ella. Pues entonces queda entendido que yo el domingo por la mañana acudiré a la cita y te diré un mundo de cosas que llenan mi corazón y que la pluma no sabe exprimir. ¡Adiós!... Te envío con el pensamiento un millón de besos en espera de los que, según dices, quieres darme de verdad sobre mis manos.
.....................Y, entendámonos de una vez, señorito, sobre mis manos y nada más. ¿Entiendes? Sino no vendría, y dudaría de la promesa que me haces en tu carta de ser conmigo muy respetuoso.
Tuya siempre, etc...
En Amores para armar. Colección de cartas de amor. Recopilación hecha por Liliana Viola.
Carta de una Señorita aceptando al pretendiente
Segismundo:
........................Con el pensamiento fijo en sus manifestaciones, no puedo dejar de contestarle, mi buen amigo. Es tan amable, que, francamente, merece mi atención. Le tengo presente en las horas del día y de la noche... A veces me desvelo para luego adormecerme bajo el recuerdo de su silueta. Ha quebrantado mi espíritu y al hacerle dueño de mi simpatía, sepa respetarme tal cual le seré yo fiel hasta la muerte. Que nuestro afecto no se entibie y que hagamos de dos corazones uno solo. Vivir amando bajo la esperanza de la fe en sí mismo.
Quien le entrega su corazón.
Nilda.
Estas cartas han sido escritas por personas que han pasado por su misma situación, que sirvan como una ayuda para el enamorado... Preste atención a la ortografía.
En Amores para armar. Colección de cartas de amor. Recopilación por Liliana Viola.
domingo, 11 de diciembre de 2011
32. La máquina
-Tengo frío.
-Ponete así. Me gusta tenerte así.
-La pierna. Acá. Así.
-¿Estás bien?
-¿Y vos?
-Muy.
-Ah.
-¿De qué te reís?
-Para mí, fue una sorpresa. Quiero decir: después. Me parecía increíble que el mundo no hubiera cambiado. Me miré al espejo y yo tampoco había cambiado y me mordía los labios. Quise estudiar y no pude. Quise estar con mis amigas y no pude. Quise escribir cartas, quise trabajar. Quise dormir y tampoco pude.
-¿De eso te reís?
-No me bañé. Tenía tu olor en todo el cuerpo.
-¿De eso?
-No, no. Después te digo.
-Ahora.
-No, después.
-No me interesa.
-Entonces te lo digo. Lo bien que me caés. Eso.
-¿Eso? ¿Y entonces yo?
-¿Qué?
-Mucho más que eso. Contigo no siento miedo de nada.
-Mirá que no soy una santa. Me como las uñas. Te advierto.
-El miedo es una porquería.
-Y sí. Pero, ¿quién no siente miedo?
-¿Vos sentís?
-No tires ahí la… No seas chancho.
-¿Miedo de qué? ¿De que estemos así, como estamos?
-No sé. O sí sé. Siento, como cualquiera.
-Pero juntos, no. Juntos estamos a salvo. Al miedo lo ponemos bajo la suela del zapato y crash: lo aplastamos como a una porquería.
-Oigamé, Pirata. Prometamé, Pirata.
-La escucho. Prometo.
-¿En serio?
-Sí.
-Nunca vamos a dejar que esto se pudra. ¿Eh? No vamos a permitir nunca que esto se pudra.
-¿Nada más que eso? Es fácil.
-No.
-¿No qué?
-No es nada fácil.
-Si usted lo dice.
-Y nunca nos vamos a lastimar. ¿Nos prometemos eso? Es peligroso.
-¿Dejar el cuero en el alambrado?
-Algo así. Puede ser.
-Tanta alegría. Es un regalo. ¿Por qué nos vamos a joder? No me gusta que te pongas solemne.
-¿Qué hora es? Uy, hace dieciocho horas que estamos por levantarnos.
-Nos vamos a enfermar.
-Tendríamos que levantarnos.
-Nos vamos a evaporar.
-¿No íbamos a ir al cine?
-¿Cuándo fue eso? ¿Ayer? ¿Anteayer?
-¿No ibamos a bajar a comer?
-Sí. Tendríamos que levantarnos.
-Esto es mejor que Buster Keaton.
-Esto es mejor que todo.
-No hay nada que…
-Ponete así. Así. Me gusta dormir así.
-Vas a dormir.
-No. Zonzo. Quiero que te quedes. Quedate. Quiero.
-Yo también quiero. Cuando era chico, me alcanzaba con querer una cosa con muchas ganas, para que ocurriera. Cerraba los ojos, pensaba con todas mis fuerzas en eso que quería y zácale: ocurría.
-Cuándo yo era chica, lo que quería era un telescopio.
-¿Uno de esos grandes, que usan los astrónomos?
-Uno enorme. Yo lo había visto en el museo. Como no tenía telescopio, siempre me parecia que se había escapado alguna estrella.
-¿Y eso te importaba?
-Vivía deseando que se viniera la guerra. Una guerra bien grande, para mezclarme con los japoneses y robarme el telescopio. Alguien iba a romper los vidrios a patadas y yo iba a aprovechar y me iba a escapar corriendo con el telescopio entre los brazos. Pero solita no me animaba.
-Hubieras probado.
-¿Y vos?
-¿Yo? Yo era católico, cuando chico.
-¿Como es creer en Dios, Mariano? Nunca creí.
-Como creer en la revolución, me imagino. Te da la misma alegría y la misma sensación de no estar solo. Cuando era chico, yo no sentía miedo nunca. Pero un buen día… No, nada.
-Me gusta escucharte.
-Nada.
-Andá, no seas malo.
-Dame un cigarrillo.
-Esperá, no apagues.
-Quiero decir que un buen día lo buscás y no está. Quiero decir: perdés a Dios como se pierde una cosa. Algo que se cae del bolsillo. Como se pierde un encendedor, así.
-Para mí, Dios era un señor de barba que metía miedo a los demás.
-Para mí no.
-Ya veo.
-Era mucho más que eso, para mí. Todavía no sé con qué se rellena ese agujero.
-Ahora es usted el que se puso solemne, Pirata.
-Puede ser, perdona.
-Pero… Mariano. Estás triste. Te vino la tristeza.
-No.
-¿No qué?
-No estoy triste.
-Sí estás.
-Sí. Estoy.
-No hay que hablar tanto.
-No.
-Uno no debería.
-Se arruina todo por culpa de las palabras.
-Sí.
-Mirá.
-¿Qué?
-Los pájaros, en la ventana.
-Hace rato que vienen pasando.
-Se va a venir tormenta, me parece, y nos vamos a mojar.
-Sí. Al irnos, nos vamos a mojar.
-Ponete así. Me gusta tenerte así.
-La pierna. Acá. Así.
-¿Estás bien?
-¿Y vos?
-Muy.
-Ah.
-¿De qué te reís?
-Para mí, fue una sorpresa. Quiero decir: después. Me parecía increíble que el mundo no hubiera cambiado. Me miré al espejo y yo tampoco había cambiado y me mordía los labios. Quise estudiar y no pude. Quise estar con mis amigas y no pude. Quise escribir cartas, quise trabajar. Quise dormir y tampoco pude.
-¿De eso te reís?
-No me bañé. Tenía tu olor en todo el cuerpo.
-¿De eso?
-No, no. Después te digo.
-Ahora.
-No, después.
-No me interesa.
-Entonces te lo digo. Lo bien que me caés. Eso.
-¿Eso? ¿Y entonces yo?
-¿Qué?
-Mucho más que eso. Contigo no siento miedo de nada.
-Mirá que no soy una santa. Me como las uñas. Te advierto.
-El miedo es una porquería.
-Y sí. Pero, ¿quién no siente miedo?
-¿Vos sentís?
-No tires ahí la… No seas chancho.
-¿Miedo de qué? ¿De que estemos así, como estamos?
-No sé. O sí sé. Siento, como cualquiera.
-Pero juntos, no. Juntos estamos a salvo. Al miedo lo ponemos bajo la suela del zapato y crash: lo aplastamos como a una porquería.
-Oigamé, Pirata. Prometamé, Pirata.
-La escucho. Prometo.
-¿En serio?
-Sí.
-Nunca vamos a dejar que esto se pudra. ¿Eh? No vamos a permitir nunca que esto se pudra.
-¿Nada más que eso? Es fácil.
-No.
-¿No qué?
-No es nada fácil.
-Si usted lo dice.
-Y nunca nos vamos a lastimar. ¿Nos prometemos eso? Es peligroso.
-¿Dejar el cuero en el alambrado?
-Algo así. Puede ser.
-Tanta alegría. Es un regalo. ¿Por qué nos vamos a joder? No me gusta que te pongas solemne.
-¿Qué hora es? Uy, hace dieciocho horas que estamos por levantarnos.
-Nos vamos a enfermar.
-Tendríamos que levantarnos.
-Nos vamos a evaporar.
-¿No íbamos a ir al cine?
-¿Cuándo fue eso? ¿Ayer? ¿Anteayer?
-¿No ibamos a bajar a comer?
-Sí. Tendríamos que levantarnos.
-Esto es mejor que Buster Keaton.
-Esto es mejor que todo.
-No hay nada que…
-Ponete así. Así. Me gusta dormir así.
-Vas a dormir.
-No. Zonzo. Quiero que te quedes. Quedate. Quiero.
-Yo también quiero. Cuando era chico, me alcanzaba con querer una cosa con muchas ganas, para que ocurriera. Cerraba los ojos, pensaba con todas mis fuerzas en eso que quería y zácale: ocurría.
-Cuándo yo era chica, lo que quería era un telescopio.
-¿Uno de esos grandes, que usan los astrónomos?
-Uno enorme. Yo lo había visto en el museo. Como no tenía telescopio, siempre me parecia que se había escapado alguna estrella.
-¿Y eso te importaba?
-Vivía deseando que se viniera la guerra. Una guerra bien grande, para mezclarme con los japoneses y robarme el telescopio. Alguien iba a romper los vidrios a patadas y yo iba a aprovechar y me iba a escapar corriendo con el telescopio entre los brazos. Pero solita no me animaba.
-Hubieras probado.
-¿Y vos?
-¿Yo? Yo era católico, cuando chico.
-¿Como es creer en Dios, Mariano? Nunca creí.
-Como creer en la revolución, me imagino. Te da la misma alegría y la misma sensación de no estar solo. Cuando era chico, yo no sentía miedo nunca. Pero un buen día… No, nada.
-Me gusta escucharte.
-Nada.
-Andá, no seas malo.
-Dame un cigarrillo.
-Esperá, no apagues.
-Quiero decir que un buen día lo buscás y no está. Quiero decir: perdés a Dios como se pierde una cosa. Algo que se cae del bolsillo. Como se pierde un encendedor, así.
-Para mí, Dios era un señor de barba que metía miedo a los demás.
-Para mí no.
-Ya veo.
-Era mucho más que eso, para mí. Todavía no sé con qué se rellena ese agujero.
-Ahora es usted el que se puso solemne, Pirata.
-Puede ser, perdona.
-Pero… Mariano. Estás triste. Te vino la tristeza.
-No.
-¿No qué?
-No estoy triste.
-Sí estás.
-Sí. Estoy.
-No hay que hablar tanto.
-No.
-Uno no debería.
-Se arruina todo por culpa de las palabras.
-Sí.
-Mirá.
-¿Qué?
-Los pájaros, en la ventana.
-Hace rato que vienen pasando.
-Se va a venir tormenta, me parece, y nos vamos a mojar.
-Sí. Al irnos, nos vamos a mojar.
En La canción de nosotros, Eduardo Galeano (1975).
Fiesta (fragmento)
El rostro de Brett era blanco y la larga línea de su cuello destacaba con la brillante luz de los faroles. De nuevo la calle se oscureció y la besé. Nuestros labios permanecieron juntos, apretados, pero ella se separó y se apretó contra el rincón del asiento, lo más lejos de mí que se pudo. Se quedó allí con la cabeza gacha.
-No me toques -me dijo-. Por favor, no me toques.
-¿Qué te pasa?
-No lo soporto.
-¡Oh, Brett!
-No debes hacerlo. Tienes que hacerte cargo. No lo resisto, eso es todo. ¡Por favor, querido, entiéndelo!
-¿Es que no me quieres?
-¿Quererte? Simplemente es que me vuelvo de gelatina cuando me tocas.
-¿No podemos hacer nada para arreglarlo?
Se había erguido más en su asiento. Yo la tenía agarrada por los hombros y ella se apoyaba en mí; nos quedamos callados, en calma. Me miraba a los ojos con ese modo de mirar tan peculiarmente suyo que llevaba a uno a preguntarse si realmente veía algo más allá de sus propios ojos. Sus ojos seguían mirando y mirando después de que todos los demás ojos del mundo dejaran de mirar. Miraba como si no hubiera nada en la tierra que no pudiera mirar del mismo modo, y en verdad la asustaban demasiadas cosas.
-Y no podemos hacer nada -dije.
-No lo sé -dudó-. No quiero volver a pasar ese mismo infierno de nuevo.
-Lo mejor que podemos hacer es mantenernos alejados el uno del otro.
-Pero yo tengo que verte, cariño. Tú no lo sabes todo.
-Es culpa mía. ¿No pagamos siempre por todo lo que hemos hecho?
No había dejado de mirarme fijamente. Sus ojos tenían distintas profundidades, pero en ocasiones parecían planos. Sin embargo, en esos momentos uno podía penetrar hasta lo más hondo.
Ernest Hemingway, 1925.
sábado, 10 de diciembre de 2011
viernes, 9 de diciembre de 2011
Pipistrela
Tango 1933
Música: Juan Canaro
Letra: Fernando Ochoa
Intérprete: Tita Merello
El botón de la esquina de casa,
cuando salgo a barrer la vedera,
me se acerca el canalla y me dice:
"¡Pss! ¡Pipistrela! ¡Pss! ¡Pipistrela!"
Tengo un coso ar mercao que me mira,
es un tano engrupido'e crioyo;
yo le pongo lo' ojo' p'arriba
y endemientra le afano un repollo.
Me llaman la Pipistrela
y yo me dejo llamar;
es mejor pasar por gila
si una es viva de verdá.
Soy una piba con clase,
manyen qué linda mujer...
¡La pinta que Dios me ha dado,
la tengo que hacer valer!
Ya estoy seca de tantos mucamos,
cocineros, botones y guardas;
yo me paso la vida esperando
y no viene... el otario...
Yo quisiera tener mucho vento
pa' comprarme sombrero, zapato,
añaparme algún coso del centro
pa' largar esta manga de patos...
Me llaman la Pipistrela
y yo me dejo llamar;
es mejor pasar por gila
si una es viva de verdá.
Soy una chica con clase,
manyen qué linda mujer...
¡La pinta que Dios me ha dado,
la tengo que hacer valer!
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