Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta, que contenga tu cuerpo y abra tus ojos como un dios sin nubes y te use tu saliva y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras.
Como un ala negra tendí mis cabellos sobre tus rodillas. Cerrando los ojos su olor aspiraste diciéndome luego: -¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos? ¿Con ramas de sauces te atas las trenzas? ¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras porque acaso en ellas exprimiste un zumo retinto y espeso de moras silvestres?
¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve! Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas. ¿Qué perfume usas? Y riendo le dije: -¡Ninguno, ninguno! Te amo y soy joven, huelo a primavera.
Este olor que sientes es de carne firme, de mejillas claras y de sangre nueva. ¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo las mismas fragancias de la primavera!
¡Escríbeme qué llevas puesto! ¿Es cálido?
¡Escríbeme en qué duermes! ¿Es también blando?
¡Escríbeme qué aspecto tienes! ¿Sigue siendo el mismo?
¡Escríbeme qué echas de menos! ¿Mi brazo?
¡Escríbeme cómo te va! ¿Te respetan?
¡Escríbeme qué andan haciendo! ¿Tienes bastante valor?
¡Escríbeme qué haces tú! ¿Sigue siendo bueno?
¡Escríbeme en qué piensas! ¿En mí?
¡La verdad es que sólo tengo preguntas para ti!
¡Y espero con ansiedad la respuesta!
Cuando tú estás cansada, nada puedo llevarte.
Si pasas hambre, no puedo darte de comer.
Así que estoy como fuera del mundo,
perdido, como si te hubiese olvidado.
De historia y pueblo estamos hechos. Pueblo e historia conducen al futuro.
Nada es más invencible que la vida;
su viento infla nuestras velas.
Así triunfarán pueblo, historia y vida
cuando nosotros alcancemos la victoria.
Amanece ya en la lejanía de nuestras manos.
Y la aurora se despierta en nosotros,
porque somos los constructores
de su casa, los defensores de sus luces.
Ven con nosotros que la lucha continúa.
Levanta tu orgullo miliciano, muchacha.
No quiero que los besos se paguen ni la sangre se venda ni se compre la brisa ni se alquile el aliento. No quiero que el trigo se queme y el pan se escatime.
No quiero que haya frío en las casas, que haya miedo en las calles, que haya rabia en los ojos.
No quiero que en los labios se encierren mentiras, que en las arcas se encierren millones, que en la cárcel se encierre a los buenos.
No quiero que el labriego trabaje sin agua que el marino navegue sin brújula, que en la fábrica no haya azucenas, que en la mina no vean la aurora, que en la escuela no ría el maestro.
No quiero que las madres no tengan perfumes, que las mozas no tengan amores, que los padres no tengan tabaco, que a los niños les pongan los Reyes camisetas de punto y cuadernos.
No quiero que la tierra se parta en porciones, que en el mar se establezcan dominios, que en el aire se agiten banderas que en los trajes se pongan señales.
No quiero que mi hijo desfile, que los hijos de madre desfilen con fusil y con muerte en el hombro; que jamás se disparen fusiles que jamás se fabriquen fusiles.
No quiero que me manden Fulano y Mengano, que me fisgue el vecino de enfrente, que me pongan carteles y sellos que decreten lo que es poesía.
No quiero amar en secreto, llorar en secreto cantar en secreto.
No quiero que me tapen la boca cuando digo NO QUIERO...
Por recorrer tu piel a pedacitos olvidé la piel agrietada de la patria, dejé de andar por sus caminos, no llegué hasta sus aldeas, ignoré el hambre y la violencia, sumergida en un orgasmo inacabable. Así me fui volviendo caracol. Me fui volviendo tortuga, oculta en las profundidades de su casa. Vivía inútil, cantando como la cigarra de la fábula. Mi casa no tenía puertas ni ventanas. Monumental, ¡el egoísmo me envolvía en su crisálida! Sin embargo, nuestro amor crecía. Nuestro amor, que ha sido un diálogo de años. Un amarnos a besos, a golpes a mordiscos.
Harto ya de alabar tu piel dorada tus externas y muchas perfecciones, canto al jardín azul de tus pulmones y a tu tráquea elegante y anillada. Canto a tu masa intestinal rosada, al bazo, al páncreas, a los epiplones, al doble filtro gris de tus riñones y a tu matriz profunda y renovada. Canto al tuétano dulce de tus huesos, a la linfa que embebe tus tejidos, al acre olor orgánico que exhalas. Quiero gastar tus vísceras a besos, vivir dentro de ti con mis sentidos... yo soy un sapo negro con dos alas.
Yo te entregué mi sangre, mis sonidos, mis manos, mi cabeza, y lo que es más, mi soledad, la gran señora, como un día de mayo dulcísimo de otoño, y lo que es más aún, todo mi olvido para que lo deshagas y dures en la noche, en la tormenta, en la desgracia, y más aún, te di mi muerte, veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras, y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo como un fuego, y me destruyes, me construyes, eres oscura como la luz.
-Hacer una bruja. -Las brujas nacen; no se hacen. -En el borde del bosque hay una. -¿Y tuvo maridos? ¿Los tienen las brujas? -Sí, esta al parecer tuvo varios. Parece que muchísimos. Parece que incontables. Él quedó alelado. -¿Su edad? -Pues, no sé, no tiene edad; es una bruja. ¿Qué edad va a tener? Es bruja. Se separó y fue a espiarla, a mirarla. Ella (vio él con asombro) estaba como en un desamparo. Trabajando en el mortero, picaba magnolia, mandrágora, perejil, azucena, nardo, espinas de puercoespines (unas muy largas que hasta parecían tener diamantes), pero solo eran espinas de puercoespines; y testículos de rana y otro poco de perejil. -Señora Azucena. -Señora Arcusa. -Señora Areusa. -Señora Hermenegilda. (Son nombres de bruja.)
No acertaba. La señora bruja no contestaba; tenía un vestido largo llegándole al suelo, pero abierto por todos lados, por donde se le veían los gruesos muslos y la barriga, bella, plana como de virgen.
Y estaba descalza, los senos fuera con las puntas lilas, por donde habrían pasado despacio o ligero, según el caso, aquellos interminables maridos.
La cara estaba cerrada como un altar, como una caja, no daba indicios.
Él se dijo:
-Aunque ella lo quisiese, no sé por qué, por nada del mundo, la tomaría. ¿Tal vez por ese impresionante desfile de maridos? No, por eso no era, no.
Apenas pensó tales cosas, comenzaba ya la ansiedad, una angustia terrible, que no paró más. Quería tocarla, contarle los senos. Parecía ahora eran muchos. Y estar como en ramos.
Ella picó un poco más de azucena y echó en la olla. Luego horneó todo. Luego, cerró herméticamente el mortero. Y con pausa se quitó el delantal, de donde caían unas hojas de muérdago, y otras de cristal, y cosas oscuras.
Nunca lo miró, no lo advirtió siquiera. Él tenía miedo de que se le prendiese de un pelo como un buitre, que volara y se subiese a un árbol, o se le quedara en la ropa para siempre como una mariposa. Estampada.
One way or another
Blondie Parallel Lines (1978)
One way or another, I'm gonna find ya' I'm gonna get ya', get ya', get ya', get ya' One way or another, I'm gonna win ya' I'm gonna get ya', get ya' ,get ya', get ya' One way or another, I'm gonna see ya' I'm gonna meet ya', meet ya', meet ya', meet ya' One day maybe next week, I'm gonna meet ya' I'm gonna meet ya', I'll meet ya' I will drive past your house and if the lights are all down I'll see who's around One way or another, I'm gonna find ya' I'm gonna get ya', get ya', get ya', get ya' One way or another, I'm gonna win ya' I'll get ya', I'll get ya' One way or another, I'm gonna see ya' I'm gonna meet ya', meet ya', meet ya', meet ya' One day maybe next week ,I'm gonna meet ya' I'll meet ya' ah And if the lights are all out I'll follow your bus downtown See who's hangin' out One way or another, I'm gonna lose ya' I'm gonna give you the slip A slip of the lip or another I'm gonna lose ya' I'm gonna trick ya', I'll trick ya' One way or another, I'm gonna lose ya' I'm gonna trick ya', trick ya', trick ya', trick ya' One way or another, I'm gonna lose ya' I'm gonna give you the slip I'll walk down the mall, stand over by the wall Where I can see it all, find out who ya' call Lead you to the supermarket checkout, some specials and rat food Get lost in the crowd One way or another I'm gonna get ya' I'll get ya' I'll get ya', get ya', get ya', get ya' Where I can see it all, find out who ya' call
Su piel es de tela blanca,
un remiendo de recortes.
Y en su corazón se ensartan
alfileres de colores.
Por ojos un par de discos
rayados en espiral
que emplea en hipnotizar
a multitud de chicos.
Mantiene en trance profundo
a un ejército de zombis.
Entre ellos incluso hay uno
que es nativo de Donosti.
Mas también sobre ella
pesa una horrible maldición
pues cuando alguien se le acerca
demasiado, es un punzón
cada aguja que se entierra
más hondo en su corazón.
Ibamos al trote largo y pensé en ese cuerpo tierno y violento. Me perseguiría hasta el final, pensé. Cuando abra la puerta voy a querer encontrar algún mensaje de ella, y cuando me desplome para dormir en algún suelo o cama voy a escuchar y contar los pasos en la escalera, uno por uno, o el crujido del ascensor, piso por piso, no por miedo a los milicos sino por las ganas locas de que ella esté viva y vuelva. La confundiré con otras. Le buscaré el nombre y la voz y la cara. Le sentiré el olor en la calle. Me voy a emborrachar y no me servirá de nada, pensé y supe, como no sea con saliva o lágrimas de esa mujer.
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más que una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
Allá donde terminan las fronteras, los caminos se borran. Donde empieza el silencio. Avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de un agua remota que me espera donde comienza el alba.
Invento la víspera, la noche, el día siguiente que se levanta en su lecho de piedra y recorre con ojos límpidos un mundo penosamente soñado. Sostengo al árbol, a la nube, a la roca, al mar, presentimiento de dicha, invenciones que desfallecen y vacilan frente a la luz que disgrega.
Y luego la sierra árida, el caserío de adobe; la minuciosa realidad de un charco y un pirú estolido, de unos niños idiotas que me apedrean, de un pueblo rencoroso que me señala. Invento el terror, la esperanza, el mediodía -padre de los delirios solares, de las falacias espejeantes, de las mujeres que castran a sus amantes de una hora.
Invento la quemadura y el aullido, la masturbación en las letrinas, las visiones en el muladar, la prisión, el piojo y el chancro, la pelea por la sopa, la delación, los animales viscosos, los contactos innobles, los interrogatorios nocturnos, el examen de conciencia, el juez, la víctima, el testigo. Tú eres esos tres. ¿A quién apelar ahora y con qué argucias destruir al que te acusa? Inútiles los memoriales, los ayes y los alegatos. Inútil tocar a puertas condenadas. No hay puertas, hay espejos. Inútil cerrar los ojos o volver entre los hombres: esta lucidez ya no me abandona. Romperé los espejos, haré trizas mi imagen, que cada mañana rehace piadosamente mi cómplice, mi delator. La soledad de la conciencia y la conciencia de la soledad, el día a pan y agua, la noche sin agua. Sequía, campo arrasado por un sol sin párpados, ojo atroz, oh conciencia, presente puro donde pasado y porvenir arden sin fulgor ni esperanza. Todo desemboca en esta eternidad que no desemboca.
Allá, donde los caminos se borran, donde acaba el silencio, invento la desesperación, la mente que concibe, la mano que me dibuja, el ojo que me descubre. Invento al amigo que me inventa, mi semejante; y a la mujer, mi contrario: torre que corono de banderas, muralla que escalan mis espumas, ciudad devastada que renace lentamente bajo la dominación de mis ojos.
Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día.